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chiesa di santa croce

La Iglesia de la Santa Cruz – Historia y Belleza

La Iglesia de la Santa Cruz en Figline es tanto una casa de oración como una joya de arte e historia. Fundada en 1542 junto al monasterio por la Cofradía de la Santa Cruz, fue creada para servir a la comunidad recién establecida de Monjas Agustinas del convento florentino de Santa María di Candeli. A lo largo de los siglos, ha evolucionado mediante ampliaciones, renovaciones y enriquecimientos artísticos, cada capa sumando a su encanto único.

De la Fundación al Esplendor

La primera etapa de la historia de la iglesia incluyó la construcción del altar mayor en 1592, junto con la creación de espacios reservados exclusivamente para las monjas clausuradas. En el siglo XVII, se realizaron más obras que definieron el carácter de la iglesia: en 1674, la Cofradía financió una ampliación, y en 1684, las Hermanas María Costanza Ermini y María Teresa Bracci construyeron el altar lateral derecho dedicado al Santísimo Crucifijo.

Una transformación importante tuvo lugar en 1744, cuando la iglesia fue completamente renovada. Se dedicaron formalmente los tres altares de pietra serena: el altar mayor al Tránsito de San José, el altar derecho al Santísimo Crucifijo y el altar izquierdo a San Agustín, que en su momento estuvo adornado con una pintura del bautismo del santo, ahora conservada en el convento. La renovación también enriqueció el interior con refinadas decoraciones de estuco y un nuevo pavimento.

Arquitectura y Esplendor Interior

Los visitantes son recibidos por un atrio columnado de finales del siglo XVI, que conduce a una nave única flanqueada por tres altares laterales en pietra serena. La apariencia actual de la nave es el resultado de una renovación del siglo XVIII, completada en 1794, según consta en una placa en la

contrafachada.

El estilo refleja la elegancia del barroco florentino, inspirado en iglesias como San Gaetano y San Filippo Neri. Las decoraciones de estuco enmarcan el espacio con una armoniosa mezcla de gracia y grandeza. En el altar mayor, las figuras de la Fe y la Caridad flanquean el monograma de Cristo, atrayendo la mirada hacia la pintura de 1942 de Gaetano Ciampalini.

Entre las obras más valiosas de la iglesia se encuentra un Crucifijo de finales del siglo XVI, modelado según un diseño de Miguel Ángel y pintado por Marcello Venusti, la única obra que antecede a las renovaciones barrocas. Otra pieza notable es una representación de Santa Cecilia, atribuida a Giovanni Camillo Sagrestani, mientras que la bóveda está decorada con un fresco de la Madonna de la Consolación, posiblemente de la misma mano o de su escuela.

Un Espacio Sagrado a Través de los Siglos

La Iglesia de la Santa Cruz ha resistido el paso de los siglos, incluyendo las interrupciones de la supresión napoleónica, tras la cual fue restaurada en 1856. Hoy en día, sigue siendo un testigo vivo de casi 500 años de fe, arte y tradición agustiniana.

Sus muros hablan de las oraciones de generaciones, sus altares llevan las huellas de la devoción y sus obras de arte conservan la habilidad y la fe de los artistas que las adornaron. Para quienes entran, ofrece no solo un vistazo al pasado, sino también un espacio sereno para la contemplación y el encuentro con Dios.

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